Monday, December 26, 2005

De este lado

- pa' Danel, mientras atardece

Sabes, vida,
perdona este fetiche pesimista,
importunarte hablando de perfil
a esos manchazos anaranjados,
tus atardeceres incompletos
de mi mano, que no te alcanza.
hoy podría jurarte
que el mar siempre es más gris
de este lado,
que esas ciudades de coral
son muelas, repitiendo el sabor
amargo de mil derrames petroleros.
un poco más de gris
enmarcado en paredes sucias
Tenemos a medias
este balcón para dos cuerpos
y un par de pupilas suicidas,
un punto de fuga-mirador para murallas
desdobladas bajo el peso de titanes,
decapitados cíclopes verdes,
que nos lanzan llamaradas
como fallidas puñaladas certeras
sin tocarnos
sin vértigos hemorragicos
sin provocar retornos lastimosos
al seno de la última madre
o esa última caricia
o ese último beso
Rodillas heridas encierran mi frente
burlando armonia universal
ataponando el espacio para proximas evas
y es que hubo otro tiempo
falto de tus diez dedos
o tu amplia espalda
o tu obsesion de pianos grandes
como isla desiertas en la nada
en que existía
este mismo horizonte
otro tiempo y el mar gris
entonces mi poesía disfrazada de sirena
o faro extraviado
atraía a Penélopes vestidas de infidelidades
recurrentes, ejércitos de Ariadnas las desnudaban
pa’ tragar los hilos
y enjaularlas, laberintos de origami...
Tu silencio
El mar gris.
Tu silencio gris.
Contemplamos impasibles
como el sol viola de manera salvaje
la tranquilidad oceánica, sin lograr teñirla
de rojos-purpuras
Nos vamos haciendo más plásticos
a fuerza de tragar rosquillas de humo
y ozono partido
habitamos el crimen
como el cáncer de huída: inevitable
Sigo escribiendo el testimonio
de tus pájaros cuando atacan el cuerpo
líquido de la casi noche
por eso de asegurar que estuvimos
sostenidos en el vilo del balcon
apenas trazados en la tinta
o la sangre abierta
Haría falta circundar tu rostro
del otro lado del balcón
invitar a aquella pareja de niños fieles
a dibujarnos en la orilla
un poco mas tardíos
o huecos, como han de ser
los relojes de arena
que nunca han visto el mar
y se lo imaginan, cada segundo
menos gris